Andalucía. Los oscuros caminos del expolio arqueológico
Apenas podía creer lo que estaba viendo. Había conducido durante horas por caminos de tierra para llegar a un cortijo levantado en medio de ninguna parte. Los olivos daban paso a una entrada que abría la primera sorpresa de la jornada: un portalón de madera de finales del siglo XVIII daba la bienvenida al visitante, que al entrar pisaba un mosaico de época romana colocado pieza a pieza para servir de recibidor; mientras, a los lados de la puerta principal, dos enormes vasijas -no sabía si griegas o fenicias- actuaban como maceteros improvisados. Alberto -su verdadero nombre es otro- trató de olvidar sus estudios de Historia del Arte durante la visita, pero la imagen se le quedó grabada en la memoria y en la conciencia, así que al final decidió notificar a la Guardia Civil el museo arqueológico que se había confeccionado su adinerado anfitrión.
Hay muchos cortijos como el que visitó Alberto repartidos por Andalucía y en ellos abundan las piezas sustraídas en Málaga. La riqueza patrimonial de la provincia tiene como efecto perverso el atractivo que ejerce sobre los expoliadores, en especial cuando éstos perciben que en suelo malagueño pueden encontrar desde restos del siglo VIII a. C. hasta las creaciones de más rabiosa actualidad; aunque los amigos de lo ajeno sienten especial predilección por las piezas arqueológicas, sabedores de que muchos yacimientos no cuentan con la vigilancia que merecen.
La ruta del expolio ofrece innumerables recovecos, diversos callejones que desembocan en robos aislados o en campañas sistemáticas, en hurtos de principiante o redes organizadas, en ventas de tapadillo en un rastro o en encargos específicos realizados desde países extranjeros. El catálogo de usos y costumbres vinculados al robo de obras de arte presenta infinitas posibilidades, si bien la mayoría de los casos ofrece pautas comunes.
Sin olvidar los continuos robos en conventos de la capital como en la Trinidad o el Carmen y los saqueos en el Acueducto de San Telmo, el interior de la provincia se presenta como la zona más proclive a sufrir los hurtos, que se ceban en los yacimientos arqueológicos de Ronda y Antequera. Las frecuentes sustracciones en las ruinas de Acinipo constituyen el ejemplo más sangrante de esta práctica, que ya se ha cobrado varias detenciones. Los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil se encargan de vigilar el patrimonio, aunque la falta de medios impide el seguimiento de todas las zonas protegidas.
Ojos en todas partes
Los especialistas en la conservación del patrimonio saben que los tentáculos de estas redes llegan a cualquier rincón de la provincia. En ocasiones, incluso, los ladrones se han enterado del descubrimiento de una zona arqueológica antes que los propios responsables de la Junta de Andalucía, responsable de preservar estos bienes. «Algunas redes tienen informadores a sueldo que les avisan cuando aparece algún resto que puede interesarles. A veces hemos llegado a uno de estos enclaves y hemos encontrado boquetes enormes horadados con palas excavadoras… Así es muy difícil mantener el patrimonio histórico», se lamenta un portavoz de la Delegación Provincial de Cultura.
Aunque sea complicado, en el Seprona defienden que los ladrones acaban rindiendo cuentas a la Justicia. Los especialistas de este grupo de la Guardia Civil distinguen entre dos tipos esenciales de expolio. El primero viene de la mano de algunos clanes asentados en el corazón de Andalucía, que realizan hurtos en toda la Comunidad para después vender las piezas a particulares.
El segundo grupo es más selecto, más profesional y más difícil de atrapar. Se trata de redes organizadas que actúan en cualquier parte del mundo y que trabajan mediante encargos muy específicos. Estos saqueadores de guante blanco dirigen su punto de mira hacia los ajuares funerarios, las tallas policromadas de los siglos XVII y XVIII o las grandes piezas arqueológicas. Sus compradores suelen proceder de Europa Central, Reino Unido y los Países Bajos, aunque en los últimos años ha surgido un mercado inabarcable por el que pasean compradores y vendedores de diverso tipo y pelaje: Internet.
La Red se ha convertido en punto de encuentro predilecto para saqueadores y clientes. El anonimato y la posibilidad de acceder a un catálogo infinito de piezas son las principales razones que han inclinado la balanza hacia la pantalla del ordenador.
El gran bazar de la Red
Los representantes del Seprona recuerdan un caso singular que ilustra el gran bazar que supone Internet. Hace un par de años, los agentes infiltrados en la Red descubrieron a un particular que vendía las actas de constitución de un pueblo de la provincia. El documento databa del siglo XVIII y el vendedor cibernético ofrecía varios certificados que verificaban la autenticidad de los legajos que pretendía vender por varios millones de pesetas.
Los agentes concertaron un encuentro con el vendedor y le atraparon sin problemas. Al final, resultó que los papeles procedían de un antepasado suyo, que los había rescatado de los fuegos que prendió la Guerra Civil. Entre unos y otros decidieron que lo mejor era restituir los documentos al consistorio afectado y las cosas se quedaron como estaban.
Pero los saqueos no se limitan a la tierra firme. Los especialistas de la Delegación de Cultura recuerdan que el mayor daño que se ha perpetrado al patrimonio histórico de la provincia se ha realizado bajo el agua. La ausencia casi total de protección que han padecido los restos arqueológicos subacuáticos los han convertido en un objetivo demasiado fácil.
Los restos en la zona de Mezquitilla, por ejemplo, siguen siendo uno de los más importantes de todo el Mediterráneo, pese a que apenas se conserve una ínfima parte de lo que allí había. Las autoridades se pusieron manos a la obra hace unos años. Pero el daño ya estaba hecho.
La brigada de los detectores de metales
Hay un tipo de expolio que no es ilegal, se ejerce por defecto y se beneficia de ciertas lagunas legales. Sus exponentes más claros son los ‘buscatesoros’ aficionados que, armados sobre todo con detectores de metales, peinan el territorio en busca de piezas de algún valor.
La legislación obliga a notificar este tipo de hallazgos, aunque ciertas carencias en la Ley de Protección del Patrimonio permiten que la vigilancia de estas prácticas haga aguas por varias zonas. Sin embargo, las características de la mayoría de estos aparatos para uso particular limita la obtención de piezas de gran valor, ya que la mayoría suelen estar a muchos metros bajo tierra, cuando no están ya catalogados.
Los expertos alertan sobre la falsificación de piezas. Los estafadores suelen emplear métodos rudimentarios para simular la antigüedad.
Hacía un par de meses que le habían entregado el piso y estaba decorándolo. Buscaba en los anticuarios y los mercadillos alguna talla que le viniera bien para el salón y en una de éstas encontró una pequeña virgen que, según el vendedor, era del siglo XVIII: 300.000 pesetas. Sin negociar. La escultura estaba en perfecto estado. Todo en orden, salvo que las primeras representaciones de esa advocación mariana datan de finales del siglo XIX. Una estafa.
Dicen los especialistas en patrimonio que con las antigüedades ocurre como en otros muchos ámbitos: si el cliente no dispone de conocimientos previos o un asesoramiento cabal, tiene muchas papeletas de que le den gato por liebre, o morralla por piezas exquisitas.
En las dependencias del Seprona hay varias estanterías repletas de bolsas con botones ‘made in China’ que han querido pasar por hebillas romanas, ‘pins’ de la Expo’92 que pretendían venderse como insignias fenicias o tornillos de un motor diésel travestidos en piezas de hace varios siglos. Todo vale para engañar a los incautos y los expertos explican que los métodos para envejecer muchas piezas resultan sorprendentes de tan rudimentarios que son.
Medios caseros
Por ejemplo, nada mejor que olvidar una lámina en la bandeja trasera del coche durante varios meses. Que le dé el sol durante todo el día y al final parecerá que cuenta con varios siglos de antigüedad. O bañar las insignias de cualquier marca de refrescos en un cubo con ácido, luego echarle tierra por encima y dejar secar durante unos minutos. Resultado: una medalla de la época griega, o romana, o púnica, o lo que se le ocurra al vendedor de turno.
Otras prácticas parecen un poco más expeditivas, pero persiguen los mismos fines. Otro ejemplo: disparar una considerable cantidad de perdigones a una escultura de madera. El resultado es muy similar a los efectos de la carcoma, tal y como reconocen los propios expertos.
Los especialistas del Seprona afirman que los mercadillos suelen ser los escenarios más habituales de estos fraudes, por eso los agentes de este grupo de la Guardia Civil realizan continuas actuaciones en los rastrillos que se reparten por la provincia. «Casi siempre se trata de engaños muy burdos, aunque en algunas ocasiones hemos encontrado verdaderas antigüedades cuya procedencia no estaba clara», explican los representantes del Instituto Armado.
Las piezas de orfebrería, las pequeñas esculturas religiosas, las joyas y las láminas son las obras más habituales en los mercadillos. La mayoría de los compradores son clientes particulares, aunque también abundan los especialistas en busca de una verdadera ganga.
En los mercadillos, como en determinados establecimientos especializados, también se pueden encontrar piezas robadas. Los agentes del Seprona pasean muy a menudo por estos comercios. Avisan a los expoliadores y vendedores ilegales. Y todos saben el refranero.
1. Localización
Piezas ya descubiertas: La mayoría de los expolios se realizan en yacimientos arqueológicos o enclaves artísticos -pequeñas iglesias o ermitas- que carecen de las medidas de seguridad y vigilancia adecuadas.
Bienes no localizados: Algunas redes de saqueadores cuentan con una extensa nómina de informadores en muchos municipios, que les notifican la aparición de restos, antes incluso que a las autoridades competentes, en estos casos los ayuntamientos y la Junta.
Los más demandados: Los artículos que pertenecen a ajuares funerarios de la antigüedad, las vasijas de las épocas griega y romana, los mosaicos, las piezas de orfebrería y las policromías de los siglos XVI y XVII son las piezas más demandadas por los clientes de los expoliadores.
La ‘zona caliente’ de Málaga: Los municipios del interior de la provincia son los que sufren más robos en su patrimonio histórico. Los continuos saqueos en las ruinas de Acinipo (Ronda) son el caso más destacado.
2. Catalogación
Análisis: En la mayoría de las ocasiones, las redes de expoliadores cuentan con sus propios especialistas que determinan el valor de las piezas que pretenden sustraer.
Expertos: En otros casos, los ladrones apuestan por objetivos ya consolidados en el patrimonio histórico, como zonas arqueológicas cuyo valor ya se ha determinado por los especialistas de los ayuntamientos y de la Junta de Andalucía.
Al tun-tún: Muchas veces, sin embargo, los ladrones se llevan objetos sin valor económico.
3. Robo, ocultamiento y venta
Aficionados: La mayoría de los expolios se realizan por ladrones no profesionales que, sabedores de la demanda de estas piezas en el mercado negro, sustraen las obras o los restos arqueológicos.
Redes organizadas: En casos muy concretos se realizan robos de obras determinadas que suelen cometerse por parte de redes organizadas, algunas de ellas procedentes del extranjero.
Demanda exterior: Buena parte de los ‘expolios selectos’ obedecen a encargos realizados por compradores de origen extranjero, en particular de Europa Central, los Países Bajos y Reino Unido.
En Internet: La Red se ha convertido en el foro predilecto para expoliadores y posibles compradores. Algunas páginas ofrecen piezas de arte con supuestos certificados de autenticidad sin determinar la procedencia de los artículos.
Mercadillos: Los objetos de menor valor económico suelen tener salida en los mercadillos y en determinados comercios. Los agentes de la Guardia Civil suelen peinar estas zonas.
4. Investigación
El Seprona: El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil se encarga de velar por la conservación del patrimonio histórico. Este grupo puede actuar tras una denuncia o por iniciativa propia, al tener noticia de algún robo, sin olvidar sus actuaciones periódicas de vigilancia.
La Junta: Los especialistas de la Delegación Provincial de Cultura también realizan el seguimiento del estado de conservación de las zonas declaradas de interés histórico-artístico en la provincia.
Fuente: ANTONIO JAVIER LÓPEZ. Diario Sur, 10 de julio de 2005
Enlace: http://www.diariosur.es/pg050710/prensa/noticias/Cultura/200507/10/SUR-CUL-179.html
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Ronda. La Policía decomisa más de 900 piezas arqueológicas en el mercadillo
Un vendedor marroquí de un puesto de piedras y fósiles del zoco de los domingos estaba vendiendo a tres y nueve euros puntas de flecha y antiguas hachas Los objetos encontrados podrían tener entre 3.000 y 5.000 años de antigüedad
(Foto) ALIJO. Las piezas permanecerán por el momento en las instalaciones del museo municipal. / ECIJARA
Los hechos ocurrieron el pasado domingo día diez. Como es habitual, el tradicional mercadillo, el zoco, como dicen los rondeños, estaba a rebozar. Multitud de puestos llenaban el recinto ferial, entre ellos uno de piedras y fósiles. Aparentemente no tenía nada raro, sin embargo su oferta incluía puntas de fecha y viejas hachas que podrían tener entre 3.000 y 5.000 años de antigüedad. Su propietario, un ciudadano marroquí afincado en Fuengirola, H. O. O. K., vendía a tres euros las puntas de flecha- tenía unas 900- y a nueve euros las hachas. Sin embargo y a pesar de su precio, no se trataba de simples souvenirs, sino de valiosos objetos cuyo valor investigan ahora arqueólogos y policía.
Por el momento el alijo permanecerá en las instalaciones del museo municipal, el Palacio de Mondragón, en espera de decidir su destino definitivo. Además la Policía investiga los hechos: de dónde han salido los restos, cómo han llegado al mercadillo, cual es la implicación del vendedor en toda esta historia. Por el momento todo parece indicar que los objetos decomisados no pertenecen a yacimientos de la Serranía de Ronda, aunque aún no se tienen datos definitivos.
Expolios en Acinipo
Aunque en esta ocasión las valiosas piezas arqueológicas no procedan de Acinipo, este año está siendo duro para las ciudad romana, y es que ha sido protagonista ya de varios saqueos.
El último tuvo lugar el pasado mes de junio. Entonces, a plena luz del día y a poco metros de Acinipo fueron detenidos dos austríacos afincados en Ronda. En su poder se encontraron restos cerámicos y fragmentos de un sarcófago de plomo, además de un detector de metales de última generación. En esta ocasión los detenidos no tenían nada que ver con los últimos expolios llevados a cabo en el yacimiento, que parecen ser más bien obra de mafias o grupos organizados, sino que se limitaban a buscar restos arqueológicos para su colección privada. Es más, lo hacían a plena luz del día en la necrópolis que se excavó hace unos meses junto a Acinipo, situada además en una propiedad privada. Los detenidos llevaban en su poder restos cerámicos de varias cronologías y fragmentos de un sarcófago de plomo, además de un pico, una mochila y el detector. Afortunadamente la policía les localizó antes de que pudieran llevarse algún objeto más.
Más medidas de vigilancia
La edil socialista y anterior concejala de Cultura, Pepa Becerra, presentó hace dos meses una moción en el Ayuntamiento rondeño en la que proponía la creación de un servicio específico en la Policía Local de protección del patrimonio histórico y arqueológico de la ciudad. Becerra lo justificaba explicando que «corresponde a los Ayuntamientos adoptar, en caso de urgencia, las medidas cautelares necesarias para salvaguardar los bienes del patrimonio histórico andaluz cuyo interés se encontrase amenazado». Y es que en el término municipal existen 227 yacimientos documentados, muchos de los cuales permanecen ocultos y en el anonimato por miedo a la acción de expoliadores, ya que no hay personal suficiente para vigilar cada uno de estos puntos. Además este año se han sucedido los expolios en Acinipo y sus alrededores, por lo que la socialista vio en este nuevo cuerpo la solución a los problemas de seguridad del patrimonio rondeño. Sin embargo el pleno no aprobó la moción y todo quedó en agua de borrajas.
En este sentido el equipo de gobierno explicó que la vigilancia de este patrimonio ya está entre las obligaciones de la Policía Local.
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